Mientras el excavador hace su trabajo en las profundidades de Erebor, el cantero construye sobre su cima. Los enanos han iniciado una serie de proyectos de construcción en las laderas de la Montaña Solitaria, que les mantendrán ocupados durante las décadas venideras y que, a buen seguro, harán de la casa del Pueblo de Durin una de las maravillas del Norte.
El más ambicioso de los proyectos de los enanos de Erebor ha estado en marcha desde la refundación del reino. Los cimientos de seis torres de vigilancia idénticas se han fijado en la roca viva de las estribaciones rocosas que componen la Montaña Solitaria y se han destinado a su construcción fondos sin precedentes. Puesto que su propósito no es tan solo proporcionar a los habitantes de la Montaña Solitaria un sistema de alerta por si algún enemigo se acerca a su fortaleza, sino también un arma contra su enemigo más temible, los dragones.
El objetivo del rey Dáin es crear una cámara en cada torre capaz de capturar los vientos, de la misma forma que las que construían de antiguo los enanos de las Montañas Grises. Con la combinación adecuada de corrientes de aire, se sabe que estas ‘cámaras de viento’ resonaban poderosamente, creando una tronante endecha capaz de ensordecer y mantener alejados a los gusanos del Norte.
Pero los secretos de dichas construcciones parecen escapárseles incluso a los más astutos de los ingenieros del Pueblo de Durin; cada día se llevan a cabo complejos cálculos en el mayor de los secretos, e incontables diseños para la estructura de las Torres de Thráin se han trazado y descartado. Quizá se haya perdido alguna especificación acerca de los materiales a utilizar, o quizá se empleara la magia y no quede de ello rastro alguno en los archivos. A cada día que pasa, el rey Dáin considera con más atención el consejo de quienes le sugieren que organice una expedición en busca de una ‘cámara de los vientos’ intacta para examinarla. Quizá una expedición a Zirakinbar...