Un espectador es un contemplador menor al que se invoca desde otro plano de existencia mediante un ritual mágico, cuyos componentes incluyen cuatro tallos oculares de contemplador que desaparecerán, consumidos por la magia del ritual. Es por esto que los espectadores tienen cuatro tallos, dos a cada lado del gran ojo que ocupa el centro de un cuerpo de poco más de un metro de diámetro.
Los espectadores vigilan un lugar o tesoro a elección de sus invocadores durante 101 años, impidiendo a cualquier criatura, salvo a quien lo invocó, acercarse al lugar o utilizar el tesoro, a no ser que su invocador ordene lo contrario. Si lo que guardaban desaparece o es destruido antes de que pasen sus años de servicio, el espectador desaparecerá. De ninguna otra manera abandonará su tarea.
Al igual que los contempladores, cada espectador se considera el paradigma de su raza, y odia profundamente al resto de espectadores. Si por algún casual dos de estas criaturas se encontraran, lo más probable es que luchen hasta la muerte.
Cuando un espectador cumple su tarea, es libre de hacer lo que quiera. Muchos deciden instalarse en el lugar que antes protegían, especialmente si quienes los invocaron han muerto. Dado que su vida carece de sentido, la locura que mostraban durante su servicio se agudiza.