Los elefantes humanoides llamados loxodones suelen ser oasis de calma en las ajetreadas calles de las ciudades o en los retirados lugares de descanso de los bosques. Tararean o canturrean en tonos sonoros y se mueven lentamente o se sientan en perfecta quietud. Si se les provoca para que actúen, los loxodones son auténticos terrores: rugen de rabia, braman y agitan las orejas. Su serena sabiduría, feroz lealtad e inquebrantable convicción son enormes ventajas para sus aliados.
Los loxodones sobresalen por encima de la mayoría de los humanoides, con más de 2 metros de altura. Tienen la cabeza (trompa, colmillos, orejas y cara) de un elefante y un corpulento cuerpo bípedo cubierto por una piel gruesa y curtida. Cada una de sus manos tiene cuatro gruesos dedos y sus pies tienen la forma ovalada y plana de los elefantes. Los loxodones maduran al mismo ritmo que los humanos, pero su gente los considera adultos a los 60 años. Su esperanza de vida puede alcanzar los 450 años.
Al igual que la de los elefantes, la trompa del loxodón es un miembro muy útil. Además de proporcionar un agudo sentido del olfato, la trompa puede utilizarse para levantar y transportar incluso objetos pesados. La trompa puede utilizarse para llevar comida y líquidos a la boca e incluso puede servir de esnórquel.