Estos dragones son los más viles y perversos de los dragones cromáticos, y se dedican a recolectar los tesoros y restos de los pueblos que han caído. Odian ver prosperar a los débiles y se deleitan con el colapso de los reinos humanoides. Establecen sus guaridas en fétidos pantanos y decadentes ruinas donde otrora se erigió un reino.
Su cara parece la de una calavera, ya que tienen pómulos muy prominentes y unas grandes fosas nasales. Sus cuernos curvos y segmentados son del color del hueso cerca de su nacimiento y se van oscureciendo hasta sus puntas, que son de un profundo color negro. A medida que envejecen, la carne alrededor de sus cuernos y pómulos se deteriora como si hubiera sido consumida por ácido, dejando finas capas de piel que realzan su semblante esquelético. La cabeza de estos dragones está plagada de púas y cuernos. Sus bífidas lenguas son planas y su saliva es un légamo ácido cuyo olor acentúa su hedor a vegetación pútrida y agua apestosa.
Cuando nacen, las escamas de estos dragones son de un color negro brillante. Sin embargo, a medida que crecen, estas se apagan y se vuelven más duras y apagadas, lo que les ayuda a adaptarse a los pantanos y ruinas destruidas en las que hacen su hogar.
Brutales y crueles
Todos los dragones cromáticos son malvados, pero los dragones negros destacan por su naturaleza sádica. Viven para ver cómo sus presas ruegan por su vida, y en muchas ocasiones fingirán dejarlas libres para después acabar con ellas.
Los dragones negros atacan primero a quienes consideran más débiles, de modo que se aseguran una victoria rápida y brutal que afianza su ego y aterroriza al resto de sus enemigos. Si estuvieran a punto de ser derrotados, harían cualquier cosa para salvarse, pero prefieren morir antes de dejar que alguien se convierta en su amo.
Enemigos y sirvientes
Los dragones negros odian y temen al resto de dragones. Espían a sus rivales dracónicos desde lejos y buscan oportunidades para acabar con los más débiles y evitar a los más fuertes. Si algún dragón más poderoso representa una amenaza, abandonarán su cubil y buscarán un nuevo territorio.
Los hombres lagarto malvados veneran y sirven a los dragones negros. Por ello, atacan asentamientos humanoides en busca de comida y tesoros que ofrecer como tributo y construyen toscas efigies dracónicas en los límites de los dominios de su amo.
La influencia malévola de los dragones negros podría además provocar la aparición espontánea de malvadas brozas movedizas que persiguen y asesinan a las criaturas bondadosas que se acercan al cubil del dragón.
Los kobold suelen plagar los hogares de estos dragones como alimañas y pasan a ser tan crueles como sus señores oscuros, por lo que torturan y debilitan a sus cautivos usando las picaduras de los ciempiés y escorpiones antes de ofrecérselos al dragón para que sacie su hambre.
Riquezas de los antiguos
Los dragones negros amasan los tesoros y objetos mágicos de imperios y reinos conquistados para recordarse a sí mismos su grandeza. Cuantas más civilizaciones caigan antes que un dragón, con más derecho se siente para reclamar las riquezas de los reinos existentes.