Los corpulentos genios del Plano Elemental del Fuego son los amos de la llama, inmunes al fuego y capaces de crearlo a capricho. Visten túnicas de damasco y caftanes de seda sobre su piel del color del magma o del carbón, y se engalanan con torques de latón y oro, así como con anillos enjoyados. Cuando vuelan, su tren inferior se transforma en una columna de humo y ascuas.

Los ifrits son taimados, astutos y crueles hasta límites insospechados. Odian que se les obligue a servir y se vengan con tesón de aquellos que los hayan ofendido. Naturalmente, los ifrits no se ven de esta manera y se consideran a sí mismos una raza justa y metódica, aunque admiten cierto egoísmo.

Los ifrits perciben al resto de criaturas como enemigos o como sirvientes. Asaltan el Plano Material y otros planos elementales en busca de esclavos que capturar y llevar a sus hogares del Plano Elemental del Fuego. Los ifrits gobiernan como tiranos opresores, ascendiendo solo a aquellos sirvientes que demuestran su crueldad. A esos capataces se les entregan látigos para que impongan el orden entre las filas de esclavos.

La mayoría de ifrits residen en el Plano Elemental del Fuego, ya sea en grandes fortalezas abovedadas hechas de cristal negro y basalto, rodeados de lagos de agitado fuego, o en la legendaria Ciudad de Latón. Además, los ifrits tienen asentamientos militares, nutridos de esclavos y esbirros, repartidos por los diferentes planos.

En el Plano Material, los ifrits habitan regiones volcánicas o zonas muy cálidas, como los desiertos. Su amor por estos hace que entren en conflicto con los daos, confinados a la tierra, y los djinns que cabalgan los remolinos del desierto. Los ifrits odian a los marids, con quienes han mantenido una encendida guerra a lo largo de los siglos.