La Guardia de la Ciudad de Umbramar es el cuerpo encargado de mantener las murallas firmes y las calles bajo control. Sus filas patrullan las puertas, escoltan caravanas y se enfrentan a tribus y bandidos en las rutas cercanas, cumpliendo un papel vital en una ciudad rodeada de peligros. Muchos ciudadanos los ven como el único muro que separa a Umbramar del caos exterior, y agradecen su disciplina y sacrificio, aunque sepan que sus recursos son limitados y sus pérdidas frecuentes.
Pero no todos los juicios son favorables. Entre los barrios pobres se murmura que la Guardia protege más a los ricos que a los desesperados, y que la corrupción ha echado raíces en sus filas: sobornos, favores ocultos y miradas apartadas cuando conviene. Para algunos son defensores de la ciudad, para otros, matones uniformados que se doblegan al oro tanto como a la ley. En Umbramar, la lealtad hacia la Guardia es siempre un asunto de conveniencia.