El Plano Positivo es la fuente primordial de la energía vital, un reino de luz pura y creación desbordante que existe más allá de la materia y la forma. En él no hay tierra ni cielo, sino una expansión infinita de resplandor radiante donde la vida se genera sin control ni límite. La energía positiva fluye allí con tal intensidad que cualquier criatura viva expuesta sin protección corre el riesgo de ser sobrecargada, sanada hasta el exceso o directamente desintegrada por una vitalidad imposible de contener. Desde este plano emanan las fuerzas que sustentan la curación, el crecimiento y el nacimiento en todos los mundos.
A diferencia de otros planos, cuyo acceso depende de portales menores o rutas inestables, el Plano Positivo posee un vínculo constante y dominante con el Plano Material: el sol. No es una metáfora ni un símbolo religioso, sino un portal esférico colosal, una abertura estable a través de la cual la energía positiva se filtra hacia el mundo mortal. La luz solar transporta esa esencia vital, regulada y atenuada por las leyes del cosmos, permitiendo la existencia de la vida sin consumirla por completo. Cada amanecer es, en realidad, la renovación de ese flujo entre planos.
Los sabios sostienen que sin este portal, el Plano Material sería un mundo inerte y ponzoñoso, condenado a la quietud absoluta. El sol ilumina, conecta, sostiene y ancla la vida al latido primordial del Plano Positivo, recordando que toda existencia nace, en última instancia, de una fuente que no puede ser tocada sin perecer.