Aunque Hwalda se considera una montañesa de los Valles del Gundabad, en realidad se trata de una mestiza, nacida de padre nórdico y madre montañesa. Es capaz de abandonar su cuerpo en forma de huargo espiritual, pero al contrario que los demás miembros de su linaje, ha conseguido viajar más allá del cauce de los dos ríos. Además no le tiene ningún aprecio ni a los trasgos ni a los lobos del Yermo que habitan en los valles, ya que fueron ellos los que mataron a su padre cuando era joven.
Cuando era tan sólo una niña, el padre de Hwalda, un hombre del Norte, la llevó de caza más allá de las fronteras de los ríos. Aprendió a no tener miedo de otros y a hacer amistad con quienes son de corazón amable. Después de que su padre cayera ante trasgos y lobos, su madre la llevó a las Colinas Negras para que viviera entre sus parientes, donde regresa después de llevar a cabo largas travesías por las tierras salvajes en busca de tesoros antiguos.
Hwalda no es la típica montañesa. No tiene marido, ni está interesada en tenerlo. Las ataduras de ser madre y cuidar de los hombres no le interesan. Su espíritu es aventurero; pero entre su gente no es algo apreciado. Creen que pone en riesgo a las tribus cada vez que se aventura más allá de las fronteras, pero no presta atención a las supersticiones ni al miedo. Después de todo, no comparten los mismos amigos ni enemigos; su capa de piel de huargo y su espada de acero forjada por enanos que encontró en una vieja tumba son la prueba de ello.
Al contrario que la mayoría de los montañeses, ha viajado mucho, lo que la convierte en una excelente guía de alquiler. Los viajes de Hwalda la han llevado al sur, hasta La Carroca, y al oeste, más allá de las Montañas Nubladas, en busca de una oscura fortaleza que aparece a menudo en sus sueños. Puede servir de guía o de intérprete a todos los que estén dispuestos a buscar tesoros en los Valles del Gundabad, o que intenten localizar La Atalaya Perdida.