Empezando a lo largo del extremo meridional del Barrio de la Puerta del Cuervo, al norte del Palacio Real, y acabando justo al este del extremo septentrional de la Plaza del Mercado, hay una calle como ninguna otra de Valle. En lugar de estar pavimentada con piedras de colores, como todas las demás, el suelo es de lisas placas de granito expertamente colocadas para carecer prácticamente de junturas, a la que dan su nombre los muchos herreros que viven en ella.

El tintineante sonido del martillo contra el yunque, el de la piedra tallada, el olor del carbón ardiendo, todo ello surge de las tiendas cercanas a todas horas del día y, ocasionalmente, a altas horas de la noche. Puesto que el Camino del Yunque es donde muchos de los enanos que han elegido no vivir en Erebor han fijado su residencia y tienen sus talleres. Arracimados en casas de piedra chatas, estos recios artesanos forjan el hierro y el acero, dan forma a la piedra, tallan joyas preciosas y fabrican juguetes maravillosos.

Buena parte de los terrenos de por aquí tienen la forja dispuesta en una zona abierta, para que todos los que circulan por la calle puedan ver a los enanos trabajando con el martillo y las tenazas. El siseo del hierro recién forjado introducido en cubos de agua se combina con el tintineo de metal contra metal y el repiqueteo de pequeñas herramientas, para crear una música parecida a la que llena los salones de Erebor.

Si bien sólo un puñado de enanos ha elegido vivir y trabajar bajo el cielo, se les considera a todos miembros muy valiosos de la comunidad y en Valle se les trata como huéspedes de honor. Sus obras se venden a un precio muy elevado, que los habitantes más ricos de Valle y más de un mercader ambulante pagan de buena gana, puesto que los artesanos del Camino del Yunque son tan hábiles como cualquiera de la Montaña Solitaria y, de cualquier modo, más accesibles. Incluso así, es difícil conseguir una cita con los herreros de por aquí. La mayor parte de su trabajo se vende en pequeñas tiendas a lo largo del extremo septentrional de la Plaza del Mercado. Por lo general, los acuerdos para consultar en persona con un herrero se tienen que hacer por adelantado a través de uno de sus agentes, sobre todo para prevenir las continuas oleadas de nobles y mercaderes hombres de Bardo que quieren que sus hijos sienten plaza como aprendices de un herrero enano.