Desde lo más profundo de Wynandir, Virednith proviene de los Pueblos Bestiales, movido por la emoción de la caza y por el placer de una buena pelea, ha viajado por todo Mipsum en busca de presas cada vez más grandes, más fuertes, más astutas, más mortales.

Un día su búsqueda de nuevas presas le llevó a las Grandes Colinas, movido por las noticias de que un grupo de aventureros había hecho volver a Elturel de los mismísimos infiernos, enfrentando a hordas y enemigos de tanto poder que algunas de sus grandes cazas quedarían en mantillas.

Al llegar allí, se presentó en la Fortaleza del Protector Planar, donde pondría a los Hematurgos en un aprieto, al no saber si tratarlo cómo una bestia más cómo un hombre enloquecido. Pero la naturaleza de un Gyte es algo más complicada que la de un licántropo o un humano, y Virednith hace tiempo que abandonó su forma humana al completo para vivir cómo sólo un Gyte podría hacerlo.

Desde la fortaleza, Fingolfin le dio muchos avisos de que dejara de meter las narices donde no debe, que ninguno de los fundadores le haría caso porque no era ningún peligro para el plano material.

Terrible decisión de palabras, Verednith decidió entonces llamar la atención de sus nuevas presas con el truco más viejo, un cebo, y pronto provocó a un viejo Diablo para que hiciera un pacto con él, le daría la ubicación de los fundadores y él le daría en compensación más de mil almas mortales o la suya, tendría de límite un año.

El diablo le reveló la ubicación de los fundadores, Grenest, Puerta de Balduran o Aguas Profundas, poco importaba. Así que se encaminó a Grenest por cercanía, donde comenzó a buscar al que sería su primera presa, El Druida Forjado, extremadamente poderoso. 

Rastrearle fue complicado, y no se encontraba solo, había un par de humanos con él, uno joven y otro algo mas mayor. Comenzó una pelea que duraría días, Iroh le hacía alejarse de toda civilización para no involucrar a nadie, Verednith lo sabía, pero no le importaba nadie más. Sin darse cuenta, tres días después de comenzar una caza grandiosa, en éxtasis por la gran pelea que le estaba dando y problemas Iroh dejó de escapar. 

Esto fue extraño, se había quedado solo hace dos días ya, los otros humanos habían desaparecido, por lo que el olor de este otro humano no tenía mucho sentido.

Verednith atacó a Iroh, esperando una lucha final, pero encontró a Ravn, que había sido avisado por Gideon un día atrás, había corrido a socorrer a su amigo durante más de un día sin descanso, seguramente con ayuda de medios mágicos, pues por la distancia desde Puerta de Balduran era imposible que hubiese llegado tan rápido corriendo.

La pelea fue increíble, sangre, gritos, golpes y rugidos. Nunca había enfrentado a un tipo como el que tenía delante. El mismísimo infierno circulaba por su sangre y sus venas, sus trucos eran desconocidos para él. Igual que con Iroh, le había subestimado, no estaba huyendo, estaba haciendo de cebo para que el otro humano pudiera detenerle sin utilizar grandes conjuros y sin provocar grandes destrozos.

La pelea acabó a los minutos, derrotado, fue capturado en la Fortaleza del Protector Planar, interrogado y por supuesto juzgado. Iroh y Ravn acudieron a su interrogatorio y juicio, donde se reveló el pacto infernal que había firmado, confirmando que el peligro no era solo para ellos, también para todo Mipsum, pues un diablo con el poder suficiente para encontrarlos a pesar de las protecciones mágicas debía ser poderoso.

Como condena, y con la promesa de que pelearía de nuevo contra los fundadores, contra cualquiera de los tres que él quisiera o los tres a la vez, Verednith acompañó a Ravn en su nueva misión, donde Ravn le prometió que si se diera la oportunidad, intentaría liberarlo de su contrato.