Las miserables sagas del túmulo, también conocidas como bruhas en otras regiones, tiene el aspecto de una anciana demacrada, con la piel reseca, curtida y moteada, tensada sobre su cuerpo encorvado. Su horrenda cabeza está coronada por un cabello negro y gris, áspero y desgreñado. Sus ojos, cargados de odio, se ven enfermizos y vidriosos, y su boca alberga dientes amarillos, retorcidos y afilados, además de una larga lengua verdosa y serpentina. La saga del túmulo desprende un hedor repugnante y penetrante, semejante al de pescado y fruta podridos, que provoca náuseas a quienes se acercan lo suficiente para olerla.
Como su nombre indica, la saga del túmulo ronda túmulos funerarios, catacumbas, cementerios y campos de batalla donde abundan los cuerpos en descomposición. Suele establecer su guarida en una cripta o en una red de túneles subterráneos bajo el lugar que acecha, de difícil acceso. Al igual que un gul, se alimenta de la carne putrefacta de cadáveres humanoides, especialmente de los más jóvenes. Disfruta particularmente succionando la médula corrupta de los huesos, sorbiéndola con su lengua prensil.
Si la saga del túmulo no encuentra un cadáver que consumir, recurre a acechar a los vivos, dando prioridad a niños y a víctimas solitarias. En combate, confía principalmente en su capacidad para paralizar a su presa con su grotesca lengua antes de rematarla con sus afiladas garras. También es una consumada usuaria de magia, aunque solo emplea sus conjuros contra oponentes más formidables. Una vez ha dado muerte a su víctima, arrastra el cadáver hasta su guarida o a un lugar apartado donde lo entierra en una tumba poco profunda o lo deposita en una gran vasija o barril para dejar que se descomponga durante varias semanas, hasta que esté lo bastante maduro para su gusto. La saga del túmulo suele almacenar varios cuerpos en distintos estados de descomposición.