1. Characters

Nicholas "Nick" Addams

Alquimista

Resumen


Alquimista Bombardero, miembro de la Sociedad Pathfinder atormentado por una maldición de mala suerte, que vive con la culpa por haber sobrevivido cuando su familia y sus mentores perecieron. Un hombre con una mirada cansada que vive esperando a que algo salga mal.

Biografía


Lo siguiente está escrito en el diario de Nick, un cuaderno maltratado, manchado de diversas sustancias alquímicas y con cierto olor a pólvora. Lo carga junto a su libro de recetas alquímicas.

Nunca había pensado en escribir un diario. Creo que mi vida hasta ahora no ha sido algo digno de recordar. Pero, bueno, siendo ahora un pathfinder iniciado, tal vez le sirva a alguien menos desafortunado que yo cuando lo encuentre en mi cuerpo dentro de una mazmorra o algo así.

Nací y viví mis primeros años en Egorian, la capital de Cheliax. Mis padres eran devotos de Asmodeus, como casi todos allí. Cuando tenía diez años, murieron durante uno de sus rituales. Nunca supe exactamente qué pasó, solo que no volvieron a casa.

Los siguientes dos años los pasé solo en las calles. Robaba para comer y me escondía de los cultistas que siempre buscaban "voluntarios" para sus altares. La suerte nunca estuvo de mi lado, siempre me encontraban en los peores momentos y tenía que irme con las manos vacías.

Todo cambió el día que intenté robarle a un anciano alquimista llamado Pierre Magnus. Me atrapó, pero en lugar de entregarme a los guardias, él y su compañero goblin, Clint, se apiadaron de mí. Me llevaron con ellos hasta Absalom y me dejaron en un orfanato. Fue el primer gesto de bondad real que recuerdo.

Pierre me visitaba. Me enseñó lo básico de la alquimia y, cuando fui mayor, me llevó con su grupo en algunas misiones sencillas. Éramos un grupo peculiar: Pierre, el cerebro, Clint, el pistolero, Adam, un orco que fungía como el músculo del grupo, Brienne, una paladín enana con una armadura más grande que ella y Jack, un mediano pícaro bastante sigiloso. Eran mi familia.

Fue en una de esas misiones, en un pueblo cerca de Druma llamado Kar-Azakh, donde conocí a Freyja. Era fuerte, resiliente y entendía lo que era perderlo todo, su familia venía de Rimakak, un pequeño pueblo de la Corona del Mundo que desapareció por el capricho de un demonio. Nos hicimos pareja, incluso pensamos en casarnos. Por un tiempo, la vida fue buena. Pero luego las cosas empezaron a salir mal. Mi suerte, que siempre parecía ser mala, empeoró de repente. Desastres pequeños al principio, luego mayores. La tensión nos consumió y, bueno, nos separamos. Fue mi culpa. Todo salía mal donde yo pisaba.

Semanas después, la misión en la que murieron todos. Fue un desastre total, una cadena de errores y mala suerte. Pierre, en sus últimos momentos, me inyectó algo que quemaba en las venas y me gritó que huyera. Lo último que recuerdo es que me salpicó con uno de sus frascos, una ampolla horrible, y después corrí más rápido de lo que alguna vez hice. Yo sobreviví. Ellos no.

Intenté seguir solo, trabajando como mercenario. Pero el patrón se repetía: trabajos que se arruinaban, clientes que se enfurecían, aliados que se accidentaban. Terminé con demasiada gente peligrosa detrás de mí.

Volví a Kar-Azakh, buscando a Freyja, buscando, no lo sé. Un poco de paz, regresar a una época mejor, quizá. Pero ella había seguido adelante. Tenía una nueva vida, una familia. Ni siquiera llegué a hablarle. Cuando me acerqué la vi con su nueva pareja y una pequeña niña. Tenía sus ojos. Me marché esa misma noche.

Ahora solo me queda Absalom. Me uní a los Pathfinders porque es lo único que me queda de Pierre. Es lo único que sé hacer. Tal vez aquí, manteniendo la cabeza baja y haciendo mi trabajo, mi mala suerte decida darme un respiro. O tal vez no. Al fin y al cabo, siempre he tenido muy mala suerte.



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