Fern logró regresar a Absalom con vida, pero cargaba con el peso de haber dejado a sus compañeros atrás. Desesperado, buscó apoyo para organizar un rescate. El Consejo de la Sociedad consideró la solicitud demasiado arriesgada: tres pathfinders relativamente nuevos, con un destino incierto, no justificaban poner más vidas en peligro. Fern no se rindió. Convenció a otros iniciados de unirse a su causa y, con el respaldo de la líder de los Cazadores del Horizonte Delgado consiguió un recurso invaluable: el barco volador.
El plan era claro. Equipo Sigilo —Fern, Aine, Delgado y Strart—: encontrar y liberar a Errante, Ben.Ten Raz (muerto)y Chao. Equipo de asalto —Lucatiel, Nicholas "Nick" Addams, Willow, Koppo Tropp y Lucky—: enfrentar directamente a Ralthiss, el clérigo oscuro que dominaba la zona, para distraer a sus fuerzas.
Tras un accidentado aterrizaje en las Gravelands, ambos grupos se separaron. El equipo de ataque se topó de inmediato con Ralthiss, su campeón esquelético y un macabro Ben-Ten, reanimado como sirviente no muerto. Con determinación y dolor, lograron liberar el espíritu de su antiguo compañero y acabar con los demas no muertos y el clerigo oscuro que los dirigia.
Mientras tanto, el equipo de sigilo luchaba contra un muro, tras esto Fern distrajo a los zombies guardianes con su águila —que desapareció en el acto— y finalmente liberaron a Errante. Juntos avanzaron en busca de Chao, ignorando que en el frente la batalla tomaba un giro siniestro.
Cuando Ralthiss cayó, el mismísimo Tirano Susurrante emergió de su cadáver. Su presencia heló la sangre de todos. “Path…finders”, murmuró con un eco que hizo temblar las ruinas. “No pensé que uno de mis seguidores caería ante simples Pathfinders” Lucatiel, en un acto de pura valentía, lo desafió. El Lich lo alzó del suelo con un solo movimiento y, con un hechizo, aniquiló a los demás presentes.
El grupo de sigilo llegó a presenciar la escena final al mismo tiempo que Chao quien habia sido liberado por Meleeka Sanvara. La tensión e impotencia se volvieron insoportables… hasta que el águila de Fern regresó, trayendo consigo un libro. Fern lo tomó y lo hojeó con desesperación, buscando en sus páginas la manera de devolver la vida a todos sus compañeros caídos. De pronto, de aquel tomo cayó una espada.
Lucatiel, casi por instinto, la tomó. Con un solo corte, la hoja atravesó al Tirano Susurrante, reduciéndolo a polvo. La muerte se revirtió: todos los caídos regresaron… excepto Ben-Ten. Pero el precio fue devastador: ante los ojos de todos, Fern y Lucatiel comenzaron a desintegrarse, su sacrificio marco para siempre a quienes quedaban.
Tras volver a Absalom las reliquias fueron entregadas a la Sociedad y el verdadero alcance de lo ocurrido se mantuvo en secreto. Los sobrevivientes fueron interrogados, y con el tiempo, la misteriosa marca que portaba Lucatiel apareció en cada uno de ellos. Nadie sabe qué depara el futuro, pero una certeza los une:
“Fama, Gloria y Fortuna.”