La mujer presentada como hija de Isawa es sencillamente radiante. Además de ser sorprendentemente bella, Akiko está rodeada del tenue resplandor que la distingue como un espíritu retornado, un efecto que se ve amplificado por el ribete dorado de sus túnicas naranjas y rojas. A pesar de su aparente juventud, ha pasado más de una vida aprendiendo los entresijos de las cortes, recuperando rápidamente su reputación de encontrar soluciones elegantes a asuntos delicados.

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