Hace muchos años, cuando el Pueblo de Durin huyó de Moria, muchos enanos fueron al norte hasta las Montañas Grises. Allí encontraron grandes riquezas y nueva prosperidad, y durante algún tiempo prosperaron en sus bastiones de montaña. Pero pronto los Dragones descendieron desde el norte y, con la muerte del rey Dáin I, los enanos se vieron forzados a abandonar sus dominios.
Hoy en día no existe reino enano alguno superviviente en las Montañas Grises, sólo frías cavernas y salones en ruinas. Aquellos descendientes de Dáin I que no huyeron al este hacia las Colinas de Hierro o de vuelta a Erebor, se ganan la vida como pueden como artesanos ambulantes y comerciantes de las Tierras Ásperas. Sin forjas propias, aceptan trabajo donde pueden encontrarlo, pero siempre miran al norte, hacia el perdido reino de sus antepasados. Allí yacen las tumbas de sus antepasados y todo enano que se echa al camino añora el día en el que pueda volver a casa y restaurar a la gloria los salones de sus padres.
Ahora que Smaug ha muerto, los enanos de las Montañas Grises miran con renovada esperanza a sus parientes bajo la Montaña y en las Colinas de Hierro. Puesto que reconocen que ante ellos tienen una tierra en la que ha empezado a alzarse el velo de las sombras, y muchos creen que ello podría conllevar un cambio de rumbo de la situación. Ya no les satisface esconderse en las grietas de la tierra. Ahora emprenden el camino con un propósito: recuperar su lugar en el mundo y restaurar la gloria de su perdido reino.