Padre de Essylt y hermano de Cynbal el Cacique.

Durante los eventos de El regreso de la esperanza, los niños de la tribu de las Colinas Negras fueron secuestrados y llevados a Carn Dûm, el baluarte que antaño fue la capital del antiguo reino de Angmar. Allí crecerían como sirvientes de la nueva Sombra que se congrega en las profundidades de la fortaleza, siendo entrenados en la fabricación de venenos y el trabajo del metal, codo con codo con orcos y trasgos. Un nuevo siervo de Angmar ha ordenado su captura, un montañés del Gundabad que ha vuelto a sus raíces de hechicero: ¡Heddwyn, padre de Essylt y hermano de Cynbal!

Heddwyn el Vidente era un hombre con el don de los presagios, y era el que podía viajar más lejos como lobo espiritual. La noche anterior a que la cueva donde vivían se desplomara, enterrándole a él y a buena parte de su tribu, soñó que moriría pronto y que renacería como un hombre más poderoso. Ignoraba que el fatídico accidente era parte de un plan mayor orquestado por el Enemigo, pues muchas de las víctimas no murieron como todo el mundo supuso. En vez de ello, los montañeses enterrados fueron rescatados por los trasgos, encadenados y arrastrados a través de largos y oscuros túneles y pasadizos bajo las montañas, todo el trayecto hasta Angmar. Los montañeses nunca intentaron recuperar los cuerpos de los suyos, pues sacarlos habría costado más vidas, así que creyeron que estaban todos muertos.

Heddwyn alcanzó las ruinas de Carn Dûm presa de una fiebre ardiente. Dado por muerto en una profunda mazmorra, recibió la visita del mismísimo Señor de los Nazgûl, que había llegado recientemente a Angmar en su aspecto de Señor de los Espectros. Detectando un poder atípico en el decrépito cuerpo del vidente montañés, el Señor de Morgul salvó la vida de Heddwyn con sus artes oscuras y, al mismo tiempo, despertó en su alma los recuerdos de la hechicería de sus antepasados.

Cuando al fin se recuperó de su enfermedad, Heddwyn sintió que había renacido con un nuevo estatus y un destino más importante, si bien más oscuro. Comenzó a creer que su pueblo podría recuperar su antigua fuerza con sólo obedecer la voluntad del Rey Brujo. Si comenzaban a servirle, no necesitarían esconderse en las Colinas Negras nunca más, sufriendo a manos de los odiosos hombres del Norte.

Han pasado meses desde el renacer de quien una vez fue conocido como Heddwyn, de las tribus de las Colinas Negras. Ahora es un estudioso de la hechicería y los venenos, una lanza terrorífica en manos del Señor de los Nazgûl. Situado en una posición de poder, al lado del propio Señor de los Espectros, ha ordenado a los trasgos de Angmar que enciendan las forjas de Carn Dûm una vez más y que creen un nuevo arsenal de armas y armaduras.

Gracias a la terrible fuerza de los troles de las montañas y de los orcos, ha excavado una cripta de piedra para proteger su cuerpo durmiente y el de sus compañeros montañeses. Cada noche, vaga por las montañas y baldíos helados en forma de lobo espiritual, aullando palabras de poder en la lengua de los huargos. Llama a servir a todo orco y hombre maligno, ¡pues se ha convertido en el Servidor Brujo de Angmar!

Siguiendo sus órdenes, los trasgos acudieron a los Valles del Gundabad para llevarse a los niños de las Colinas Negras, sabiendo que el vil acto atraería a su hija Essylt hasta él.