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Acechador del Valle Largo

Criatura de las profundidades
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El Valle Largo podría considerarse el camino más seguro para cruzar las Montañas Nubladas al norte del Paso de Isengard, si no fuera por la amenaza de inundaciones y los muchos precipicios con cascadas que los viajeros deben atravesar. La presencia de los trasgos del Monte Gundabad también sería un problema, pero la amenaza real que se esconde en la profunda grieta es mucho peor que unos simples orcos...

Una criatura ancestral y nauseabunda acecha en las hendiduras y fisuras labradas en la roca por el viento y el agua. Originariamente un morador de las profundidades del mundo, la sangre derramada en las guerras subterráneas de enanos y orcos le atrajo a la superficie. Una vez que asentó su guarida entre los picos, el ser se alimentó durante siglos de los viajeros que intentaban cruzar las Montañas Nubladas y que perdían la vida en el fondo de las muchas cataratas del Valle Largo.

Cuando los hombres del Oeste cruzaron a los Valles del Gundabad mientras perseguían a sus enemigos durante su guerra contra Angmar, se toparon con el monstruo y lucharon contra él, pues no podían permitir que semejante infamia siguiera viva. La criatura se retiró ante aquellos altos hombres y sus espadas largas de acero y, encontrando un refugio en las raíces de las montañas, esperó su momento. Con el paso de los siglos, volvió a sentir hambre de nuevo y se arrastró lentamente de vuelta a la superficie.

A día de hoy, los orcos y los trasgos conocen bien la amenaza que representa el Acechador del valle Largo, y han aprendido a rendirle tributo y a saciar su hambre de vez en cuando: una pequeña banda de trasgos escuálidos hace de cebo e incita a los viajeros a que los persigan hasta los estrechos límites de la abertura de una cueva. Entonces, el ser emerge y da buena cuenta de los desgraciados.

El Acechador está armado con un conjunto de pinzas largas y muchas patas nudosas y duras como el acero, lo que mantiene a los atacantes alejados de su pequeña cabeza, coronada de pequeños ojos pálidos, brillantes como ópalos. De la hendidura de su boca surge un silbido incesante y enfermizo que aumenta su cadencia cuando la criatura arremete contra sus enemigos.

La historia de este espeluznante ser fue contada por Glorfindel a la Compañía del Dragón al final de los eventos de El regreso de la esperanza. Durante esa aventura, los compañeros encontraron en la entrada de la caverna de la criatura esta inscripción labrada en sindarín en la pared de la roca:

AQUÍ BELEGORN HIJO DE BERGIL DE DOL AMROTH
DESTERRÓ AL SER DEL ABISMO PERO MURIÓ
POR SUS TERRIBLES HERIDAS
GLORFINDEL DE LOS ELFOS RECUPERÓ SU CUERPO
PARA DEVOLVERLO A SU FAMILIA