IMAGEN: Raenar, el Azote del Norte, sale al paso de la Compañía del Dragón.
Mientras la Compañía Errante se recupera de las heridas en Valle tras los eventos de El Cruce del Celduin, la Compañía del Dragón viaja hasta Erebor por instancia de Dáin II Pie de Hierro. Con ayuda de Munin, descubren que Loïc el Sureño estuvo el año anterior en estas salas haciéndose pasar por mercader, y que investigó sobre una vieja fortaleza enana ya abandonada llamada Zirakinbar. Sospechando que Loïc el Sureño estaba al servicio de El Rey del Patíbulo, la compañía viaja al norte a inspeccionar la región. Allí se topan con el fantasma del antiguo gobernador de la Ciudad del Lago, quien les cuenta que un ente oscuro le robó todo su oro con ayuda de unos orcos que portaban un gran cajón de hierro y madera y le dieron muerte. La compañía siguen los pasos de los orcos y llegan hasta Zirakinbar. Descubren entonces que el Rey del Patíbulo está fundiendo el oro para atraer con el olor del tesoro quemado a los dragones de las regiones septentrionales.
Y acude el más temible: Raenar, el Azote del Norte.
En un acto valiente a la par que desesperado, la Compañía del Dragón se expone a la vista del dragón antes de que llegue a Zirakinbar; consiguen hablar con él y explicarle el peligro al que se estaba acercando. Raenar recuerda ser muy joven cuando fue sometido por primera vez, allá en la hundida Beleriand, y escapó de la batalla con grandes heridas. No quiere volver a estar sometido y pacta ayudar a la compañía. Pero, por supuesto, con condiciones: se quedará con el tesoro del gobernador y promete no atacar a las tierras del norte “en unos años” (lo que da a entender que terminará haciéndolo en algún momento, pues ha descubierto por la charla con la compañía que Smaug ya no vive, y Erebor y sus tesoros ahora están a disposición de cualquier dragón).