“La piedra guarda memoria, pero no voz; es tarea del cronista prestarle palabras para que no se pierdan sus ecos.” —Azrim “el Lento”
Prólogo del Autor
He recorrido túneles que hoy yacen mudos, hollado salones donde antaño resonaban martillos y plegarias, y bebido en las tabernas donde el último eco de las antiguas canciones aún se aferra a los muros ennegrecidos por el hollín. No soy sacerdote, ni rey, ni artesano de leyendas; soy un escriba de manos manchadas de tinta y paciencia infinita, contratado por la ilustre familia Martilloplateado para compilar, en un solo tomo, aquello que nuestros ancestros dejaron grabado en piedra, runa o saber popular.
En estas páginas hallará el lector la historia de nuestro origen, desde el Árbol de Piedra y el Primer Aliento hasta el último suspiro de Halanna. Aquí están también los nombres de los dioses y ancestros que velan sobre nosotros, junto con los himnos y pasajes que aún recitan los clanes más fieles.
No pretendo dictar dogma ni reescribir mitos; mi propósito es preservarlos. Pues la fe y la memoria son las piedras que sostienen al Dwarovar, y sin ellas… incluso la montaña más fuerte se desmorona.
Libro Primero – Del Génesis y la Piedra Viva
Capítulo I – El Árbol de Piedra y el Primer Aliento
“Antes de que el martillo golpeara el yunque, antes de que la runa fuera trazada, hubo piedra. Y en la piedra, un latido.”
—Fragmento del Códice de Verkal Ozovar, transcripción dudosa según el maestro runista Odrin Tallapizarra.
En el corazón de las Montañas del Fin del Mundo, más allá de toda senda trazada por el pico o el mapa, se alza —o más bien se hunde— el Árbol de Piedra. No es árbol como los de la superficie, de corteza y savia, sino columna viva de roca, cuyas raíces se hunden hasta donde la tierra guarda silencio y cuyas ramas se abren en salas de cristal y mineral. Las leyendas más antiguas coinciden en que allí, y no en otro lugar, comenzó nuestra historia.
En aquellos días, que no son medibles con calendario alguno, Halanna, la Hija de los Rubíes, recorría las obras de su padre Moradín. Sus pasos eran lentos, pues buscaba no el oro evidente, sino la veta oculta, el patrón secreto en la piedra. Fue allí, entre estalactitas y vetas ígneas, donde sus ojos de fuego inspiraron a Moradín a forjar el primer rubí.
No era ella, sin embargo, la única en contemplar aquellos parajes. Dumathoin, Señor de los Secretos Subterráneos, también frecuentaba aquellas galerías, no para cambiarlas, sino para guardarlas del tiempo y del saqueo. Entre ambos nació un afecto silencioso, hecho de miradas y obras, no de palabras. Y como muestra de ese vínculo, Dumathoin alzó el Árbol de Piedra: no una escultura, sino una montaña viva, donde la roca y la gema se entrelazaban en armonía.
Pero Dumathoin, temiendo que Halanna hallara de nuevo la soledad, comenzó a tallar figuras de formas humanoides a partir de las piedras más puras: granito, mármol, obsidiana, jade, basalto… Ninguna igual a la otra, cada una reflejando el alma dormida de su materia.
Halanna, viéndolas, sintió que algo tan perfecto merecía algo más que la inmovilidad eterna. Acudió entonces a su padre Moradín, y le rogó que infundiera vida en aquellas formas. Moradín escuchó, y con un soplo ardiente de su fragua les dio carne, hueso y alma. Así nacimos: hijos de la piedra y del fuego, con la misión de custodiar las profundidades y llevar sus riquezas a Halanna, para que nunca más caminara sola.
Capítulo II – La Envidia de Grobilazk
En los abismos donde ni la luz de las gemas alcanza, donde el aire mismo parece pesado con siglos de silencio, moraba Grobilazk el Retorcido. No fue dios en el principio, ni héroe, ni creador; fue una sobra antigua, un residuo del mundo antes del mundo, al que la envidia y el rencor dieron forma y voluntad.
Durante eras incontables, Grobilazk observó desde sus grietas el esplendor del Árbol de Piedra, las creaciones de Dumathoin y el amor de Halanna por sus hijos recién nacidos: nosotros, los Enanos. Pero en su corazón no hubo admiración, solo un deseo torcido: poseer lo que no podía comprender. Así, su espíritu se ennegreció como el carbón y se agrietó como roca castigada por la escarcha.
Fue entonces cuando
Maglubiyet, Señor de la Guerra y tirano de los
goblinoides, posó sus ojos sobre él. El dios, astuto como pocos, percibió en Grobilazk a alguien fácilmente moldeable a su parecer. Sus palabras se incrustaron en la mente del Retorcido: promesas de poder, venganza y dominio sobre la obra que tanto odiaba.
Maglubiyet le enseñó a abrir un portal hacia el
Paraje Feérico, desde donde le enviaría legiones de
goblins,
hobgoblins y
osgos. Con ellos, Grobilazk podría asaltar el Árbol de Piedra, apagar el Primer Aliento y ofrecer a Maglubiyet el poder de estse como botín. Con tal energía, el Señor de la Guerra aspiraba a romper sus cadenas y lanzar una invasión contra el mismo
Plano Material.
La guerra que siguió fue larga y despiadada. Los túneles sagrados se llenaron de acero, sangre y gritos de guerra. El conflicto alcanzó su culmen en la Batalla de los Diez Días, donde la resistencia enana fue puesta a prueba más allá de todo límite.
Pero incluso la roca más firme se resquebraja bajo presión. Halanna, viendo que ni sus hijos ni sus aliados podían cerrar el portal, se entregó al sacrificio final: derramó su esencia para sellar la brecha entre planos. En el instante de su muerte, los enemigos fueron arrasados por una ola de energía viva, y el eco de su voz, dicen, aún se escucha en las cámaras más profundas, como un susurro de rubí.
Dumathoin, roto por el dolor, sepultó a Halanna en el corazón mismo del Árbol de Piedra. Moradín, con solemne reverencia, le concedió aquello que siempre había ansiado: que la montaña respirara con vida. Así nacieron los Alientos (de Halanna), corrientes invisibles de magia y vigor que fluyen desde su tumba y permiten que la vida prospere en la oscuridad.
Libro Segundo – Panteón de Alv-Dwarov
“Honrar a los ancestros es honrar a la piedra. Ellos son las vetas que, unidas, dan fuerza a la montaña.”
—Máxima grabada en la Sala de las Lámparas de Khugdir.
No todos los nombres que aquí se recogen pertenecen a dioses en el sentido que entienden los pueblos de la superficie. Entre los enanos, la fe no vino de un cielo distante, sino que brotó de la tierra y de la memoria. Nuestros “dioses” son, en su mayoría, ancestros cuyas obras resonaron tanto que sus nombres se tornaron eternos.
Los Primarios son la excepción: deidades que existieron antes del primer clan y cuyo poder modeló el mundo subterráneo. El resto son reflejos de virtudes, oficios o actos que forjaron el carácter de nuestro pueblo, transmitidos hasta fundirse con la leyenda y deificarlos.
Los Primarios
Halanna, la Hija de los Rubíes
Primera hija de Moradín, señora de la contemplación, amante de las vetas ocultas. Se cree que, aunque de origen divino, eligió vivir entre la piedra para aprender sus secretos. Su sacrificio en la Batalla de los Diez Días dio origen a los Alientos, corrientes de vida que aún fluyen bajo la montaña. Muchos la veneran no como diosa lejana, sino como la primera guardiana de la belleza oculta.
Dumathoin, el Silencioso
Señor de los Secretos Subterráneos. Es una reinterpretación de la deidad real Dumathoin, donde conforme pasaron los siglos fue cogiendo el carácter y tono característicos de la deidad actual.
Ancestros Mayores
Dagrin Barbaeterna, el Rey Sabio
Primer enano creado por Halanna y Dumathoin, según los cantos más antiguos. Fue coronado como gobernante del Panteon y el primer rey de Alv-Dwarov, y recibió —dicen— la longevidad de la propia roca. Se le atribuye la creación y organización de la figura de los clanes así como ser arquitecto del orden divino. Su palabra pesa como la roca, y sus juicios son inquebrantables.
Nota: Algunos anales de Verkal Ozovar sugieren que su reinado pudo durar menos de lo que narran las sagas, y que la “barba eterna” podría ser una metáfora de la continuidad del trono, no de su vida, llegando a decir que nunca se la llego a cortar.
Anvelind Corazónpuro, la Legisladora de Plata
Esposa de Dagrin, descrita como de mirada firme y palabra justa. Generalmente caracterizada por un cabello platino trenzado y ojos de plata líquida. Su papel en la tradición es arbitrar disputas tanto entre ancestros como entre vivos, y su imagen se asocia con la equidad y la justicia. Los juramentos solemnes se sellan aún hoy invocando su nombre.
Durvorazir, el Escultor de Cavernas
Hijo de Dagrin y Anvelind. Según las crónicas, moldeó las primeras bóvedas y pasos del Dwarovar, no con magia, sino con ciencia y paciencia. Su figura simboliza la maestría de la paciencia y constancia.
Nota: Posible fundador del Gremio de Ingenieros de Hul-Jorkad, si se cotejan fechas con tablillas de pizarra halladas en ruinas cercanas allí.
Margurz, Maestro Cervecero
Segundo hijo de Dagrin. Las historias cuentan que descubrió la fermentación por accidente y que al sufrir la resaca de la cerveza, buscando un remedio descubrió el arte de la medicina. Además destacar la figura de Thyrfen Manosdoradas que le ayudo a perfeccionar sus brebajes. Su culto es fuerte entre cerveceros y posaderos, que le consideran patrón de la buena mesa así como de alquimistas.
Miradeth Buscatierras, la Exploradora
Hija de Dagrin. Figura asociada a la exploración subterránea y la búsqueda de minerales. Es invocada por mineros antes de emprender viajes largos y para obtener suerte en las extracciones.
Azmirethazin, Custodiacorazones
Fue un herrero de renombre y artífice de armas y herramientas que pasaron a ser reliquias familiares. Se cree que su origen es una forma de simbolizar todo el conocimiento de la metalurgia de los primeros Enanos. Su figura representa la justicia armada y la protección del clan, así como la técnica de la herrería.
Lady Argezenna, Cazadora de Monstruos
Nacida —según la tradición— del primer fuego de forja de Azmirethazin. Se decía que su cuerpo era de acero y sus ojos de oro. Según las historia recorre el mundo cazando bestias que amenazan a los suyos. Su culto es minoritario, pero venerado entre cazadores y guardias de frontera. Encarnación del valor frente a las bestias que acechan en las sombras.
Auirikus, Mano de Dagrin
Antiguo mortal elevado al rango de ancestro por su disciplina y lealtad al trono. Se cree que los ancestros desordenados lo detestaban porque ejecutaba la voluntad de Dagrin de manera despiadada. Figura asociada a la organización y a la ejecución de la ley.
Urisazirn Manomithral, Padre de las Runas
Hijo de Durvorazir. Se dice que tenia un intelecto agudo y una mente insaciable. A él se atribuye la primera forma de canalizar la magia innata de la tierra mediante símbolos sagrados: las primeras runas enanas . Su figura es esencial para artesanos, grabadores y eruditos.
Ancestros Menores
Dolurazan, Herrero de la Guerra
Hijo de Azmirethazin y Argezenna. Reconocido por la forja de armas y armaduras durante los conflictos más antiguos del Dwarovar. Se dice que descubrió el Acero negro y que era el armero de los Ancestros. Patrón de herreros y armeros de batalla.
Nota: Algunos estudiosos creen que Dolurazan podría haber sustituido a un anestro anterior que encarnaba el mismo aspecto y que fue un maestro de forja de Fuerte Rubí durante la Guerra de la Gema Sangrienta, más que una figura de la Era Fundacional.
Derzobrazan, Dama de la Nobleza
Hija de Azmirethazin y Argezenna. Protectora de los metales nobles -oro, plata y platino- y las joyas de linaje. Encarna los aspectos de la nobleza y de las alianzas, Su nombre se invoca en bodas y pactos entre clanes.
Bervinazan, la Mano Roja
Segunda hija de Azmirethazin y Argezenna. Asociada al trabajo de metales comunes -cobre, estaño, plomo, bronce...- y al arte de la escultura metálica. Algunas leyendas dicen que sus estatuas caminan en sueños, custodiando los salones donde se alzan.
Karazlov, Voz de las Casas de la Montaña
Antiguo actor y orador que, tras una actuación legendaria en la corte de Dagrin, fue elevado a ancestro como mediador entre fortalezas y superficie. Se cree que hacia de mensajero de Dagrin. Patrón de diplomáticos y heraldos.
Grimthar, Ebanista de las Frondas
El primero en trabajar la madera con respeto en un mundo dominado por la piedra. Su arte abrió la puerta a la fabricación de barriles sagrados y a la preservación de la cerveza de Margurz. Encarna la idea de que hay vida útil mas allá de la piedra.
Verdrik Azirkra, Arquitecto de lo Eterno
Segundo hijo de Durvorazir. Diseñó obras públicas de enorme resistencia: puentes, acueductos y calzadas subterráneas. Se cree que se alejaba de las artes que consideraba "inutiles" -magia y runas- y se centraba en aquellas que eran útiles. Venerado por constructores y maestros de obra.
Thyrfen Manosdoradas, Diosa del Grano
Antigua reina mortal de Amldihr, elevada a ancestro por Margurz. Se dice que transformó un valle estéril en el granero del imperio. Su culto sobrevive en comunidades agrícolas enanas y mixtas.
Werdûn Ojodiamante, Pastor de Gemas
Orfebre que rechazó la vanidad y eligió dos granates humildes por encima de todas las piedras preciosas. Patrón de joyeros modestos y guardianes de tesoros familiares.
Lorgrim, la Errante
Gemela de Lorgram. Se dice que era una vagabunda sagrada que recoge las almas perdidas y las conduce hacia la paz. Protectora de las almas perdidas, guía espiritual para quienes mueren lejos de su clan.
Lorgram, Guardián de los Muertos
Gemelo de Lorgrim.Se dice que organizaba las almas según su valor, habilidad y honor. Su figura se asocia a la organización de los sepulcros y a la custodia de las criptas reales.
Nota: El culto dual de Lorgrim y Lorgram es peculiar; en muchas fortalezas se les invoca juntos, y en otras se les considera el mismo ancestro bajo dos facetas.
El Retorcido
Grobilazk, el Vestigio del Vacío
Es una figura controversial. No es venerado ni honrado. Para la mayoría de los eruditos, Grobilazk es un constructo alegórico: la personificación de la cobardía, la envidia y la deformidad moral. Otras voces más antiguas afirman que pudo ser una criatura real, enemiga del Árbol de Piedra, cuya derrota se fundió con la leyenda.
Nota: Su mención en los cantos sagrados no busca ensalzarlo, sino advertir a las generaciones futuras. Allí donde hay oscuridad sin propósito, dicen, ahí susurra el Retorcido.
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