Irabella es la menor de las tres sagas que regentan El Signo de los Brazos de la Saga, en Malbolge, y también la más agria y mordaz de todas. Como Saga Bheur, domina el frío con una facilidad antinatural, envolviendo estancias enteras en escarcha, ventiscas y un silencio helado que cala hasta el pensamiento. Es ella quien carga con la administración cotidiana de la posada, sus cocinas y sus sótanos, una tarea que desempeña con la misma amargura con la que trata a sirvientes, huéspedes y hermanas, aunque su eficacia hace que nadie se plantee apartarla de ese puesto.
Su taller, instalado en las cámaras inferiores, es un lugar de carne congelada, hielo negro y experimentos detenidos a medio camino entre la taxidermia, la hechicería y la blasfemia. Allí trabaja rodeada de restos de criaturas imposibles, espíritus atrapados y horrores a los que da nueva forma para antiguos poderes del mar y del abismo. Irabella rara vez abandona sus talleres desde donde dirige sus labores y cuando lo hace, como una reina enferma de escarcha, suele ser desplazada en una gélida bañera portátil por sus kobolds entre rampas y pasillos mientras supervisa encargos, recetas y monstruosidades con la misma frialdad.
A pesar de su aspecto desganado y su lengua venenosa, Irabella es una archimaga temible. Puede alterar el clima inmediato, desvanecerse entre ráfagas de aire helado y entumecer cuerpo y voluntad con una magia que no solo congela la carne, sino también la determinación. Quienes la subestiman se han vistos arrojados a los fogones o, peor aún, convertidos en uno de sus gélidos juguetes.