Cuando Maglubiyet venció a los dioses de los goblins, una deidad embaucadora pensó que el último en reír lo haría mejor. Aunque Maglubiyet destrozó su esencia, este dios del engaño sobrevive en un ser dividido en diversos espíritus poseedores que siembran el caos si no los apaciguan. Los goblins no tienen un nombre para esta deidad ni se atreven a ponérselo por temor a que Maglubiyet lo utilice para atraparla y aplastarla como hizo con los otros dioses. Llaman nilbog ("goblin" al revés) tanto al espíritu poseedor como al goblin poseído por él y disfrutan del caos que siembra este ser.
Cuando los trasgos forman una hueste, hay una probabilidad de que un nilbog posea a un goblin, en especial si los goblins han sido maltratados por sus superiores. El goblin poseído se convierte en una criatura chistosa, traviesa y sin temor a las represalias. Este nilbog también obtiene poderes extraños que incitan a los demás a hacer lo contrario a lo que desean. Atacar al goblin poseído es imprudente y matarlo tan solo provoca que el espíritu posea a otro goblin. La única forma de evitar que un nilbog siembre el caos es tratarlo bien, mostrarle respeto y alabarlo.
Entre las cortes feéricas, el riesgo de atraer a un nilbog ha hecho que surja la costumbre de contar siempre con al menos un bufón goblin. Este bufón puede ir donde quiera y hacer lo que le plazca, con la esperanza de evitar, con un poco de suerte, la aparición de un nilbog. El puesto de bufón está muy solicitado entre los goblins de las cortes: aunque el bufón no sea un nilbog, también a él se le debe consentir su comportamiento caótico.