Lilith es la segunda consorte del Señor de la Séptima y una de las figuras más infames de los Nueve Infiernos. A diferencia de su compañera Baftis, Lilith es una princesa infernal dotada de una inteligencia excepcional y un temperamento marcado por el resentimiento. En las leyendas de Baator, se la describe a menudo como una amante despechada o una figura agraviada, una imagen que ella misma explota para ocultar un sadismo refinado. Es conocida por el uso magistral de su látigo, cuya marca es tan profunda y característica que los habitantes del infierno se refieren a cualquier cicatriz similar como la Marca de Lilith.
Su influencia se extiende hasta Grenpoli, la Ciudad de la Diplomacia, donde se dedica a la manipulación y al quiebre psicológico de sus adversarios. Su papel en la corte representa la faceta más vengativa y astuta de la jerarquía infernal, encargándose personalmente de los interrogatorios y de la tortura de aquellos que suponen una amenaza para el trono. Aunque sirve oficialmente a Belcebú, se rumorea que Lilith guarda un odio profundo por su posición actual y que dedica sus siglos de existencia a urdir planes complejos para alterar el equilibrio de poder en Maladomini, deleitándose en el sufrimiento de aquellos que caen en sus redes de intriga.