Kordichai, antiguo cazador de almas fugitivas, es ahora uno de los lugartenientes más temidos y envidiados de los Infiernos. Un diablo de la sima de apariencia retorcidamente majestuosa, no nació en la nobleza infernal, sino que ascendió desde diablillo a fuerza de resultados: capturó almas que escaparon a su destino y recordó al multiverso que ningún contrato de Asmodeo queda sin cumplir. Su eficacia lo convirtió en leyenda y, quizá como castigo por disfrutarlo demasiado, Fierna lo nombró administrador de un sector remoto de Phlegethos. En lugar de marchitarse en tedio, Kordichai transformó su puesto en el mayor trofeo de su carrera.
El Coto Elemental es el legado de su obsesión. Al no poder viajar, decidió traer la caza a casa: abrió un portal efímero al Plano de Fuego y moldeó el entorno volcánico a su imagen y deseo. Plantó bosques de llamas perpetuas, redirigió canales de lava, y pobló la región con bestias elementales cazables. Su Coto es ahora una maravilla ardiente y peligrosa, donde se celebran expediciones infernales codiciadas por diablos de todas las capas. Kordichai no busca gobernar, anhela perseguir, enfrentarse y vencer, y su voluntad de destrucción controlada es un símbolo de esa hambre.
Aunque leal a Fierna, Kordichai mantiene una independencia inusual para su rango. Su tiempo entre mortales le ha contagiado un matiz de excentricidad que desconcierta a sus iguales. Sin embargo, bajo su máscara de cortesía, arde la voluntad de un cazador consumido por su propósito. Vigilando desde lo alto el Coto, donde las brasas rugen como bestias dormidas, el Barón acecha y nada escapa a su mirada.
Pereció en una batalla de proporciones épicas en una de sus cacerías, cuando el titán elemental conocido como la Erillama lo engulló por completo. Los únicos testigos vivos de tal duelo fueron Fierna, varios secuaces y el Gran Tiax.