Un día, Kiir comenzó a escuchar un sonido extraño, era cómo si el mar llorase, cómo si las volutas del aire chisporrotearan mezclándose con el sonido de las olas rompiendo con calma en la costa. Sin entenderlo bien, sentada bajo un árbol no muy lejos de la costa, se levantó y miró al horizonte, casi cómo si se moviese por instinto, su mano recogió un hilo de bruma, una especie de bruma morada que recorrió su brazo hasta descansar en su piel, pronto, ideas llegaron a su cabeza, sobre conjuros, sobre runas, sobre todo lo que había leído por puro interés, dé repente, todo cuadró y comenzó a escribir.

Tejedora de Conjuros, así fue cómo la titularon tras ver la escena donde parecía recoger la bruma del mar y convertirla en tinta. Durante años que escuchó al mar llorar, con quejidos cada vez mayores, la calma iba desapareciendo, coincidiendo con peores temporales y malas rachas de viento. Un día el lamento del mar fue acompañado por unas voces, no hablaban ningún idioma en concreto, y los hablaban todos. 

Kiir puso rumbo a la ciudad cercana de Umbramar para intentar descubrir el porque de todo, donde comprobó en su viaje cómo el mar lloraba en muchos lugares, a veces las voces la advertían, otras veces no, pero si se escuchaba su quejido, los problemas estaban cerca.

Muchos lugares de Casskia parecen llorar, la pequeña tejedora necesita saber cómo arreglarlos, ya que parece ser la única que puede escucharlos.