Desde el Mar Brumoso, navegando con la costa a mano izquierda y derecha, los barcos de los Elfos llegaron desde lugares desconocidos, algunos dicen que proceden de los parajes feéricos, otros que provienen de un lugar aún más remoto. La verdad no está clara, lo único que está claro es su afinidad con lo arcano, la Urdimbre se estiraja y forma de nuevo a su voluntad, a veces es porque nacen con ese poder, otras veces porque lo buscan, algunas veces incluso, se les concede.
Desde que el mundo guarda memoria, no hay Elfo sin magia, ni tampoco sin tiempo para practicarla. En el caso de Kiir, la historia no cambia, nacida mar adentro en unas Islas algo lejos de Casskia, en un pequeño pueblo costero de pescadores y marineros, pronto se interesó por su afinidad con lo mágico, viendo cómo algunos de sus vecinos usaban su don para navegar de forma más segura, otros para la vida diaria o para defenderse de algún peligro, pasó sus primeros años de vida pensando, observando, leyendo lo que podía conseguir.
Nunca fue una guerrera, ni siquiera entendía la violencia del todo, débil y delgada, con mirada perdida y muy poco ánimo, lo único que la motivaba era su magia. A veces era frustrante ver cómo otros nacían con una conexión mayor a la Urdimbre, otros la desarrollaban con tiempo y práctica o la manifestaban en estilos mixtos de pelea... Ella solo podía leer y repetir, pero, era suficiente.
Un día, Kiir comenzó a escuchar un sonido extraño, era cómo si el mar llorase, cómo si las volutas del aire chisporrotearan mezclándose con el sonido de las olas rompiendo con calma en la costa. Sin entenderlo bien, sentada bajo un árbol no muy lejos de la costa, se levantó y miró al horizonte, casi cómo si se moviese por instinto, su mano recogió un hilo de bruma, una especie de bruma morada que recorrió su brazo hasta descansar en su piel, pronto, ideas llegaron a su cabeza, sobre conjuros, sobre runas, sobre todo lo que había leído por puro interés, dé repente, todo cuadró y comenzó a escribir.
Rodeada por una bruma morada que parecía salir de su cuerpo, por sus poros y piel, un libro de conjuros comenzó a tomar forma, durante días, muchos pasaron por el lugar y observaron la escena, nadie la interrumpió, después de tanto tiempo, la callada y silenciosa Kiir parecía haber encontrado su camino.
Tejedora de Conjuros, así fue cómo la titularon tras ver la escena donde parecía recoger la bruma del mar y convertirla en tinta. Pronto, la magia que podía usar se amplió y comenzó a entender las fórmulas arcanas mejor, a estudiarlas durante años. Y fue durante años que escuchó al mar llorar, con quejidos cada vez mayores, la calma iba desapareciendo, coincidiendo con peores temporales y malas rachas de viento. Un día el lamento del mar fue acompañado por unas voces, no hablaban ningún idioma en concreto, y los hablaban todos.
Pidiendo por ayuda, quejándose y a veces solo llorando, Kiir parecía ser la única que las escuchaba, cansada y sin entender qué pasaba, uno de los hechiceros la aconsejó con algo que no hubiera pensado, salir a buscar el problema de las voces. Así, que sin mucho argumento en contra, Kiir puso rumbo a la ciudad cercana de Umbramar, donde comprobó en su viaje cómo el mar lloraba en muchos lugares, a veces las voces la advertían, otras veces no, pero si se escuchaba su quejido, los problemas estaban cerca.
Muchos lugares de Casskia parecen llorar, la pequeña tejedora necesita saber cómo arreglarlos, ya que parece ser la única que puede escucharlos.