En las tierras nórdicas de Flaenia son muchas las poblaciones nómadas o asentadas que viven su vida entre nieve, roca y peligros naturales. El pueblo de Gwind no es diferente, nacida en estas tierras, sus padres eran parte de una aldea que se localizaba dentro de un oasis natural en las montañas duras y nevadas de Flaenia. Compuesto por distintas especies, la multiculturalidad y el amor por la naturaleza eran algo común, pues la aldea se sostenía en un pequeño fuerte que acotaba un trozo pequeño de montaña, protegiendo la entrada a una cueva, donde los vapores húmedos y calientes de la tierra sofocaban el frío y la naturaleza se abría paso, incluyendo un gran Fresno de más de 10 metros de altura, de sus faldas florecían todo tipo de rosas y flores, en sus ramas, los niños jugaban y conocían a pequeños animales y en su interior, brotaba la fuerza y el amor de Yggdrasil, el Árbol del Mundo.
Desde pequeña, Gwind tuvo una sintonía extraña con la naturaleza, sin temor por las bestias que servían de comida o protección en el poblado, ni tampoco de la planta más extraña, el verde parecía seguir sus pasos. Entrenada como los demás en la lucha, un día cazando con su padre, Gwind fue acorralada por una manada de bestias, pero la fuerza primordial de Yggdrasil llenó de fuerza sus brazos, consiguió salvarse a ella y a su padre, no sin llevarse un regalo con forma de cicatriz en la cara de las garras de sus presas.
Tras este suceso, la conexión de Gwind con el Fresno creció, desarrolló la habilidad de usar la fuerza primordial del gran árbol del mundo, se entrenó en el acero y en las conocimientos naturales que fue capaz de entrenar. Las gentes de Fuerte Fresno adoraban a la amable Gwind, que creció en virtud de su conexión primordial, siendo alguien noble, protectora y virtuosa.
A sus jóvenes 40 años de vida (bastante poco para un elfo), ya había madurado lo suficiente para que su pueblo la nombrase "Cacique", un título especial que se le daba a la protectora y guía de Fuerte Fresno, puesto que ocupaba su mentor y amigo Uuthli Tonashss. Durante cinco años, Gwind guio a su pueblo, con ayuda de su mentor y su familia.
Un día, meditando en un risco alto, haciendo guardia por posibles amenazas en la época donde el frío y los alimentos escaseaban, Gwind divisó una gran sombra que se movía extremadamente rápido en dirección a Fuerte Fresno, sin entender bien que era aquello, bajó del risco de vigilancia a la aldea, comunicó lo visto a su mentor y los demás guerreros, pero ninguno le hizo caso, todos apuntaban a una visión del cansancio, a que sería una extraña nube. Ojalá hubiera sido solo eso, pronto, a los minutos de dar la noticia, un gran dragón hambriento descendió de las nubes, la sombra se convirtió en muerte y caos.
Gwind tardó unos segundos en reaccionar, no cabía en el asombro de que las criaturas que había escuchado en cuentos fueran reales, ¿Existirían otro tipo de criaturas cómo estas fuera? No hubo mucho tiempo para pensar, el dragón devoró y destrozó a personas y casas por igual, parte del ganado murió, y los guerreros se concentraron en las puerta al oasis para defender su sembrado y al Fresno de Yggdrasil. Tras saciar su hambre y ver que no sería tan fácil seguir alimentándose, el dragón se marchó, dejando tras de sí la muerte de muchos guerreros y ciudadanos de Fuerte Fresno, de casi 200 habitantes, la aldea quedó en solo unos 92.
Entre las víctimas y desaparecidos se contaban a el padre, la madre y mentor de Gwind junto a muchos más. Los 5 años siguientes fueron duros, Gwind lideró sola lo que quedaba, reconstruyó y aprendió de los errores, montando defensas aéreas y formando a nuevos guerreros, cuando su pueblo parecía ya encaminado y algo recuperado, Gwind nombró a su sucesor, Blyd Las, un joven tiefling azul que quedó huerfano en el ataque y Gwind acogió y entrenó, como hermana mayor, le explicó el deseo de explorar, conocer y vivir la naturaleza fuera de las montañas nevadas, desde que el dragón les visitó, ese sentimiento ocupaba tanto espacio en su corazón cómo la pena.
Como guerrera, quería enfrentar a esas criaturas y formar una leyenda, cómo hija y aprendiz, quería vengarse de los males que asolaron su vida y la de otros, cómo Cacique, sabía que necesitaba más fuerza y conocimiento para volver a liderar algún día.
La noticia entristeció a Fuerte Fresno, pero todos comprendieron y despidieron a Gwind con deseos de buena suerte y lagrimas, sabían que sus hazañas llegarían a oídos de todo el mundo y que algún día, volvería y les contaría todo lo que había visto, los grandes enemigos a los que había vencido y les enseñaría el conocimiento aprendido.
Sin mucho más que su hacha, un equipo de aventura y mucha energía, Gwind Las salió al mundo, y el mundo, la recibió encantada.