La formación del Imperio Gigante ha sido muy estudiada a lo largo de la historia. Gracias a la gran cantidad de registros oficiales y textos que los gigantes dejaron, se conocen muchos detalles sobre su origen, pero para hablar propiamente de la creación del Imperio es necesario mencionar antes al dragón Ourelonastrix y el origen de la magia.
Por lo que se ha podido descubrir, 20.000 años antes de la creación del imperio como tal, un dragón llamado Ourelonastrix hizo contacto con las tribus de gigantes de Xen'drik y les enseñó la bases de la entonación, que luego adaptaron para crear las primeras fórmulas mágicas. Este evento está rodeado de misterio y misticismo. Para empezar, no se conoce el origen concreto de Ourelonastrix, ni se a vuelto a encontrar su nombre en ningún textos dracónicos o gigantes que no hicieran referencia a este acontecimiento. Esto hace pensar que quizás Ourelonastrix no existió realmente y su nombre es simplemente el pseudónimo de los distintos dragones que enseñaron magia a los gigantes. Esta teoría es apoyada por el hecho de que el nombre de Ourelonastrix parece haber dado lugar al de "Aureon", el Soberano o dios del conocimiento en algunas fes modernas. De hecho, algunos creyentes y textos sagrados justifican este evento afirmando que Ourelonastrix era un enviado de Aureon o incluso el propio soberano disfrazado. Una teoría más probable es que Ourelonastrix fuera un enviado de los dragones o un dragón independiente, que enseñó magia a los hijos de Eberron en un intento de conseguir su apoyo en la Primera Guerra o darles una oportunidad para defenderse de los demonios por sí mismos.
Independientemente de los detalles, es un hecho que los dragones enseñaron magia a los gigantes. Fue gracias a la magia que estas pequeñas tribus fueron capaces de aumentar sus números, así como su poder militar y tecnología hasta el punto en el fueron capaces de oponerse directamente a los batallones de Khyber. El imperio propiamente dicho tiene sus orígenes en una serie de clanes y tribus gigantes de Xen'drik que se aliaron para enfrentarse al ejercito del Señor Demoníaco conocido como "La Cicatriz que Perdura". Tras su victoria, su alianza se expandió a otras tribus cercanas y eventualmente formaron una civilización que simplemente no tuvo rival en el continente. Por supuesto, la amenaza de los demonios era constante, pero gracias al su magia y fuerza física, los gigantes no encontraron mucha oposición por parte de otras razas de Eberron, que conquistaron y esclavizaron hasta tomar control absoluto del continente. Luego, dirigieron su atención a la Primera Guerra y los demonios. Por su parte, los celestiales no tenían interés en conflictos terrenales que no estuvieran relacionados con la derrota de los demonios, así que no se interpusieron en la expansión del Imperio. Los dragones por otro lado, tenían sus propias dudas y temores sobre la ambición de los gigantes, pero con su atención dirigida completamente a la guerra no podían sino aceptar toda la ayuda que pudiera tomar.
Esta alianza de dragones, ángeles y gigantes batalló contra los ejércitos infernales durante miles de siglos. Hasta que alrededor del -18.000 YK el conflicto alcanzó un punto muerto, un periodo de estancamiento donde ninguno de los dos bandos era capaz de conseguir victorias significativas contra el otro. Sin embargo, los Señores Demoníacos tenían la ventaja de su inmortalidad, sabían que solo tenían que seguir presionando y esperar, y eventualmente encontrarían su oportunidad. Para evitar este futuro, Wolmarang, el último señor de los gigantes, y su séquito divisaron un plan para acabar con la amenaza de los demonios.
El plan tenia tres partes:
- Sellar el alma de los Señores Demoníacos con un hechizo lo suficientemente poderoso, para evitar que vuelvan a su dominio a regenerarse.
- Destruir el cuerpo físico de los Señores Demoníacos para liberar sus almas.
- Contener las almas de los Señores Demoníacos y vigilar sus prisiones para evitar que volvieran a escapar.
Siguiendo este plan la alianza de Eberron lanzó un último ataque contra las legiones infernales en las que consiguieron todos sus objetivos. Los Coualts sacrificaron sus vidas para crear la Llama Plateada, sellando las almas de los Señores. Los dragones y los gigantes lucharon para destruir todos sus cuerpos en una batalla sin precedentes, en la que se dice que los gigantes usaron un artefacto mágico para lanzar una luna contra los demonios. Finalmente, una vez la pelea fue vencida, usaron los Tala E'Seska para encerrar las almas de sus enemigos.
Desgraciadamente para los gigantes, poco antes de este asalto final, el El General de Elicranas provocó un gran incendio que abrasó la mitad de su capital, la ciudad de Ker Marquan, como un acto de rebelión contra sus amos. La ciudad debilitada no sobrevivió a la batalla final, en la que perecieron tanto los Señores Gigante como sus súbditos, ni si quiera el palacio de la ciudad quedo en pie.
A pesar del éxito del plan, la destrucción de las cabezas de gobierno durante el ataque y la pérdida de su capital fue un golpe muy duro para el Imperio. Todo esto, sumado a las rebeliones élficas y la Maldición del Viajero, causó un caos absoluto en Xen'drik. Y antes de que pudieran recuperarse o tomar control de la situación, los dragones les juzgaron y condenaron por su ambición desmesurada, su abuso y esclavitud de otras razas, pero sobretodo, por el crimen de usar la magia que les enseñaron para hacer algo tan irresponsable y peligroso como derribar una luna. Los dragones temían que si no hacían algo, los gigantes se convertirían en la siguiente gran amenaza para Eberron, así que destruyeron las fortalezas que quedaron en pie en Xen'drik, quemaron sus bibliotecas e hicieron olvidar a sus sabios los secretos de la magia. Tras esto, la civilización gigante sufrió una regresión al sistema tribal barbárico que nos encontramos hoy en día en Xen'drik y la mayoría de razas oprimidas por el imperio escaparon del continente en el llamado "Éxodo de los Cautivos".
En la actualidad, los gigantes conservan poca de la gloria de sus antepasados, carecen de su fuerza, su organización y sus conocimientos mágicos. Y sin poder escapar del continente debido a la Maldición del Viajero, los gigantes vagan por las ruinas de su imperio haciendo lo que pueden para sobrevivir a los monstruos, las tribus drow y los colonos extranjeros.