Galadhin, en un pasado conocido con otro nombre, nació en las entrañas de los túneles del Árbol de Piedra, donde sociedades de enanos tratan de acceder y manipular la urdimbre elemental para servir, con orgullo, a los suyos. Así fue como creció, tratando de asir lo abstracto y darle forma en su corazón enano, donde un colgante con gema dado desde temprana edad, esperaba albergar su energía elemental. Sin embargo, algo enturbió su espíritu cuando por primera vez trató de acceder a la oscuridad en su pecho. Como si de su propia sangre se tratara, ésta recorrió todo su cuerpo con ligereza y fluidez, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Galadhin, no pudo aceptarlo, así que trató de ocultarlo al resto mientras trataba de encontrar dicha sintonía en cualquier otro elemento. El que fuera. Pero la urdimbre no funciona así.
Los enanos, al ver que Galadhin no era válido y estaba desconectado de la urdimbre, decidieron exiliarlo cual eslabón roto de una cadena. No sin antes marcar su deshonra para siempre. Atado con cadenas a la propia piedra, y con un gran martillo hecho de ésta misma, se destroza la gema contra su pecho, partiéndola en mil fragmentos que se clavan en la piel para nunca olvidar su vergüenza.
Galadhin vagó solo por las montañas y bosques tratando de sobrevivir a un entorno que sólo había conocido en libros e historias. Pero lo consiguió, durante décadas y décadas. Creyendo su deshonor y saboreando su desgracia y el rechazo de los suyos, y el de sí mismo hacia el poder que corría por sus venas. Un día, decidió enfrentar sus miedos, adentrándose en la densa oscuridad de una profunda cueva para mirar la suya propia. No salió bien. Con un estruendo de poder, la oscuridad lo dominó y consumió. Aquellos que más conozcan a Galadhin, habrán observado un ramaje de cicatrices negras como venas que unen cada pedazo de cristal clavado en su pecho.
Al abrir los ojos se encontró con ella, Evhia, la que años después se convertiría en su mujer y su razón de existir. Una elfa que, accediendo a la urdimbre de una forma mucho más pacífica y natural que él nunca antes había visto, consiguió sanar sus heridas y el dolor de su corazón. Sin embargo, él tardó años en aceptarlo, en aceptarse, manteniéndose callado aunque ella permaneciera con él. Fue así que ella lo bautizó en su nueva vida. Galadhin (de “Galadh”, árbol en élfico, y la terminación “–in” propia de los enanos), el enano de los bosques. Mucho tiempo después Galadhin al fin abrió su boca, y su corazón. Junto a Evhia crearon una comunidad en los bosques. Una comunidad de piezas rotas y exiliados donde poder encontrar la paz donde Galadhin, debido a su conocimiento del terreno, se convirtió en su humilde líder. Y más tarde, hallar la paz junto a sus hijos, engordando literalmente de felicidad y recogimiento.
Meses atrás, con casi 300 años de vida a sus espaldas, Galadhin volvió a morir. Al volver al poblado sólo encontró destrucción y muerte. Su mayor consuelo, no encontrar los cuerpos de su amada esposa e hijos, los cuales encontrará con férrea determinación. Ahora, Galadhin busca, junto a compañeros de aventuras, cualquier pista que le lleve a su hogar. Cada día más desesperado, abatido y alcoholizado, poco queda de ese enano risueño que era en su comunidad. Quienes lo conocieron entonces ahora sólo ven un corazón puro pero lleno de dolor.