Anacreda es la mayor de las tres sagas que regentan El Signo de los Brazos de la Saga, la líder indiscutible del aquelarre y la figura bajo cuya autoridad operan sus hermanas. Antaño fue una poderosa Saga Annis, pero el tiempo y sus artes la han elevado hasta convertirse en una Archisaga de reputación extendida por Malbolge y más allá. Es conocida como la Hacedora de Ángeles por su especialización en la creación y reconstrucción de criaturas aladas, desde bestias del aire hasta ángeles, demonios y otras entidades reconfiguradas mediante cirugía, hechicería y pactos. Su porte es severo y sobrio, y rara vez oculta su verdadero aspecto, que combina lo monstruoso con la brutalidad primigenia.
Sus talleres están dedicados a la carne, las alas y las piezas de repuesto. En ellos almacena plumajes, huesos, tendones y restos de criaturas extraplanares que después utiliza en sus construcciones. Se dice que ninguna de las tres hermanas puede crear vida verdadera, pero sí moldear lo que ya existe o animar la materia muerta cuando esta conserva algún eco de poder. En ese arte, Anacreda es la más hábil de las tres, y su nombre está ligado a la vieja carne de Malagard, que según algunos responde todavía a las manos de las sagas como si no hubiera terminado de morir. Entre sus hijas se cuenta Maggie la Maníaca, conocida en Averno como Caudillo de los Páramos, que aprendió de Anacreda el arte de coser carne infraplanar y ensamblar gólems y monstruos, además de Ruth la Roja y Helena la Hechizante. La fama de esa descendencia ha reforzado aún más el peso de Anacreda dentro de los círculos infernales.
Anacreda es respetada incluso por Glasya, que la trata con una deferencia poco habitual entre archidiablos. Cuando la hija de Asmodeo visita la posada, es con Anacreda con quien se reúne, compartiendo bebida, secretos y largos intercambios privados. Esa relación, unida a su antigüedad y a la fama de sus obras, ha convertido a Anacreda en una figura de peso propio dentro de Malbolge. No se la conoce por hablar más de lo necesario, ni por exhibir su poder, pero pocos dudan de que lo posee en gran medida.