Respirad, dragones: cantad al Primer Mundo, forjado en el caos y pintado de belleza.

Cantad a Bahamut, el Platino, que dio forma a las montañas y los ríos.

Cantad también a Tiamat, la Cromática, que pintó sobre un lienzo infinito.

Juntos, se despertaron en la oscuridad. Juntos, trabajaron en la creación.


Respirad, dragones: cantad después a Sardior, la joya roja rubí que hicieron a su imagen y semejanza.

Sardior, el primogénito de los dragones, se unió a Bahamut y Tiamat

para moldear a los dragones que creaban: dragones metálicos y dragones cromáticos.

Respirad, dragones: absorbed el don de vida que os insuflaron en los albores de la creación.


Respirad, dragones: cantad a los forasteros, a los dioses que trajeron la guerra con sus adeptos mortales

y que atestaron el Primer Mundo en busca de un hogar para sus legiones de seguidores.

Las deidades conquistadoras, poderosas en magia y en número, saborearon la victoria

mientras el noble Bahamut sucumbía y Sardior se ocultaba en el centro de la creación.


Respirad, dragones: cantad ahora a Tiamat, que encolerizada presentó batalla sin esperanza alguna.

Ni huyó ni se rindió, sino que luchó hasta que la muerte le tendió sus frías garras.

Los agitadores la capturaron y la ataron, arrebatándosela a la muerte para sepultarla en un martirio,

encerrada bajo la oscuridad eterna, prisionera de unos dioses que se apoderaron de la creación.


Respirad, dragones: cantad la conquista, que sembró el mundo de legiones de adeptos,

cada uno en su propio habitáculo, los elfos en los bosques; los enanos en las montañas;

los orcos en las cavernas y cañones; los goblins en las tierras baldías; los medianos en las praderas;

los hombres lagarto en los pantanos, y los humanos por todos los rincones de la creación.


Respirad, dragones: cantad a Bahamut, el forjador de la paz con las deidades forasteras,

que fue acogido en las montañas celestiales y venerado por algunos como el Paladín de Platino.

Cantad sus andanzas exploratorias en pos de entender a los dioses y a sus hijos,

su anhelo de libertad para Tiamat y el duelo por su pérdida de la faz de la creación.


Respirad, dragones: cantad su libertad, ¡Tiamat libre de su cárcel de martirio!

Contad cómo reunió a sus hijos, los dragones cromáticos, un arcofris de caos.

Cantad su rabia, su venganza de relámpagos, veneno, hielo, fuego y corrosión;

sus cinco cabezas, monstruosas, poderosas y desenfrenadas, en una campaña de destrucción.


Respirad, dragones: cantad al Primer Mundo, diseminado en infinitas realidades convertidas en vástagos.

Cantad a Bahamut y Tiamat, que observan su división y lamentan su obra.

Cantad también a Sardior, desgarrado, cuya conciencia quedó desperdigada en minúsculos fragmentos.

Respirad, dragones: sois los herederos que gobernarán los despojos de la destrucción del Primer Mundo.